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La copa de la Superliga se vistió de azul

Foto: Luis Benavides/El Espectador

Por: Sonia Juliana Tordecilla Ortega ( sjtorde1009@gmail.com )

A las 6:30 p.m. se comunicó por todos los medios masivos de comunicación que el partido entre Atlético Nacional y Millonarios en el Estadio Atanasio Girardot por la superliga se pospondría veinte minutos, debido al tráfico que este evento futbolístico había provocado. El metro de la ciudad con ruta hacia el estadio estaba colapsado, las escaleras de la estación ‘San Antonio’ estaban repletas de personas vestidas de verde esperando poder llegar al partido antes del pito inicial.

El reloj marcó las 7:20. Los canticos y aplauso de los hinchas junto con el olor a pólvora aseguraban que el local estaba a punto de salir al campo de juego.

En fila, dirigiendo su mirada hacia la tribuna occidental, dándole paso a los actos protocolarios, los jugadores empezaron a cantar el Himno Nacional, seguido del Himno de Antioquia que se vio acompañado no solo por las voces de todos los hinchas verdolagas, también por un paisaje verde y blanco que dejó el humo de los extintores, pintando así el estadio de los colores del club local.

 

El árbitro dio inicio al partido de vuelta por la final de la Superliga en ‘la ciudad de la eterna primavera’. El Atlético Nacional acompañado por las barras de su hinchada dominó el partido en los primeros minutos. El manejo del balón y las oportunidades de anotar que se le presentaron eran sinónimo de que el trabajo lo estaban haciendo bien, esto lo recalcaría Andrés Rentería en el minuto veinte cuando el estadio entero gritó con pasión el primer gol del encuentro, unos se abrazaban, otros saltaban, otros aplaudían y por el contrario un hincha del equipo embajador, maldecía tras de mi por el error del defensa azul.

A pesar de ello, la felicidad de los verdes por ir arriba en el marcador se acabaría 13 minutos después cuando Roberto Ovelar con tres jugadores verdes a su alrededor manda con la zurda el balón al palo izquierdo y termina al final de la red. Por un segundo el estadio estuvo en completo silencio pero el hincha tras de mi rompió ese silencio poniéndose de pie y celebrando con los brazos abierto el gol de su “millos del alma”.

El primer tiempo terminó, la tensión podía sentirse en el ambiente. Una voz que emanaba de todos los parlantes del estadio decía palabra de aliento y pedía estar pendiente para sacar el tifo antes del inicio de la segunda parte. Un espectáculo en el entre tiempo de una pareja interpretando reggaetón en el violín hizo que los hinchas verdolagas retomaran la calma y tuvieran esperanza en los siguiente 45 minutos.

Los equipos entraron al campo de juego y en las tribunas se visualizaba un tifo gigante que decía “Atlético Nacional” y en medio el escudo del club. Se dio inicio al segundo tiempo de partido, las pantallas del estadio ubicadas en vallas detrás de cada arco, recordaban el marcador, 1 – 1 y el tiempo de partido. El reloj seguía corriendo y ninguno de los equipos cedía, pero eso cambiaría en el minuto 53 cuando el defensa verde Carlos Cuesta se equivocó en su pase y dejó el balón a los pies del paraguayo Ovelar quien anotaría el tercer gol del partido y el segundo a favor de ‘millos’. El gol fue una joya, el delantero azul se dio cuenta que Fernando Montetti, el guardameta verdolaga, estaba por fuera del arco y no dudo en levantar la pelota desde un cuarto de cancha, el balón entró al arco y la hinchada local no podía creerlo. Las caras tristes, los insultos hacia los jugadores y el entrenador empezaron a hacerse cada vez más notorios.

Por otro lado, el conjunto embajador empezó a cerrar las líneas y a jugar a defender el marcador, sin embargo, Nacional tuyo tres oportunidades claras de gol para empatar pero las manos y el talento del venezolano Wuilker Fariñez lo impidieron. En las vallas que mencione anteriormente el marcador mostraba 1 – 2 a favor del visitante y el minuto noventa se acercaba, la barra cantaba más alto pero esto y los cinco minutos de adición no hicieron la diferencia.

Foto: Revista Semana

El árbitro pitó el final del partido. Unas cien personas vestidas con camiseta amarilla invadieron la cancha para empezar a organizar la logística de la premiación, a su izquierda los jugadores de millonarios se abrazaban junto con el cuerpo técnico; a su derecha los jugadores al igual que los hinchas lucían desconcertados como si no creyeran que después de siete años millonarios les ganó en casa y no cualquier partido, la final de la Superliga.

El estadio se fue vaciando mientras los hinchas de millonarios caminaban en fila india para recibir la medalla de campeones, posteriormente el cielo de los azules se llenó de papel plateado y dorado y de la mano de su capitán alzaron la copa, señal de una gran hazaña que los dejó como los primero campeones del 2018. Por cierto, el señor tras de mi lloró como solo llora un hincha.

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